Estoy rodeada de terapeutas y profesionales del bienestar, tanto en las formaciones que sigo haciendo para crecer como terapeuta como en mi proyecto para acompañar a quienes quieren cómo encontrar clientes sin sentirse forzadas, dispersas o agotadas.
Y hay algo que veo repetirse constantemente, independientemente de la disciplina o de los años de experiencia.
¡Ojo con ser autodidacta!
Cuando decides empezar a mostrarte, lo habitual es hacerlo por tu cuenta. No porque no seas válida, sino porque nadie te ha enseñado a ordenar la visibilidad de tu proyecto con una lógica que te cuide y sea sostenible.
La mayoría de profesionales intenta dar por sí sola los primeros pasos y acaba entrando en un bucle que quizá te resulte familiar:
👉 Abres una página web y empiezas a explicar todo lo que haces y en todo lo que te has formado.
👉 Diseñas carteles para talleres o cursos.
👉 Abres Facebook y, más tarde, Instagram para “tener más visibilidad”.
👉 Creas eventos, los compartes, invitas a conocidos; incluso pruebas a pagar publicidad y difundes tus actividades por WhatsApp.
👉 Haces muchas acciones para promocionarte, casi siempre con los mismos resultados.
👉 Esperas a que suene el teléfono para reservar una sesión… y no suena.
👉 Si organizas un taller, los últimos días se viven con angustia: pocas inscripciones, no se llena y acabas cancelando.
¿Cuántas veces repites este ciclo? ¿Cuánta energía estás gastando?
¿Sabes cuál es el mayor problema?
Que quieres encontrar clientes sin una estrategia clara de cómo hacerlo. Y cuando estás empezando y todavía no eres conocida, eso suele traducirse en mucho esfuerzo y poca confianza generada.
No se trata de hacer más. Se trata de entender qué necesita la persona que podría acudir a ti antes de decidirse.
Por eso, intentar vender directamente un curso o un taller a personas que aún no te conocen suele acabar en frustración. No porque tu propuesta no tenga valor, sino porque falta un paso previo: construir vínculo y claridad.
¿Por qué es necesario tener una estrategia?
Porque una estrategia no va de técnicas sueltas, va de orden. De decidir qué toca en cada momento y qué no.
Desde mi experiencia acompañando a profesionales de la salud, una estrategia coherente se sostiene en tres criterios básicos:
1. Tener claro a quién ayudas y con qué tipo de acompañamiento.
No todo el mundo es tu cliente ni lo necesita ahora. Cuando defines esto, tu comunicación deja de ser genérica y empieza a resonar.
2. Crear confianza antes de vender.
Las personas no buscan solo una técnica, buscan sentirse comprendidas. Mostrar cómo piensas y cómo trabajas es parte del proceso terapéutico previo.
3. Elegir pocas acciones y sostenerlas en el tiempo.
Visibilidad no es estar en todas partes, es ser coherente y constante en los canales que sí puedes cuidar.
Una estrategia te acerca a tu objetivo sin dispersarte: que te encuentren, que te entiendan y que puedan decidir con calma.
Porque acompañar procesos de cambio te apasiona, pero también quieres que tu consulta sea viable y tu proyecto se sostenga sin vivir en una montaña rusa emocional.
VENDER ES AYUDAR
¿Cuenta tu proyecto con una estrategia clara o sigues improvisando? Comenta esta publicación 😉
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